Vida tranquila

Capítulo III

Cuando ya quieres vivir tranquilo sin que te toquen demasiado las pelotas

 

Músico de orquesta y banda sinfónica.

Después de pasar por tus conjuntos, tus orquestas de baile y tus figuras famosillas, igual un día te enteras de que en la Orquesta sinfónica de Madrid o de Sevilla, o en la Banda de Palma de Mallorca o de Valencia, convocan tres plazas de violín, dos violas, dos clarinete en si bemol, dos trompetas, dos trombones, un tuba en mi bemol, dos saxos tenor y dos percusiones.

Entonces vas, te informas de que va el tema, tiras tu solicitud, desempolvas aquel concierto de Mozart, o aquella sonata de Hindemith y te pones a estudiar como un loco.

Tendrás que buscarte algún profesor de tu instrumento que esté al día porque con el paso del tiempo se cogen vicios que cuestan mucho quitar… Y estudiar horas y horas, y dale con las escalas y arpegios, y el puñetero concierto de Mozart con aquel pasaje que no sale limpio…

Si todavía eres joven, superarás el trago con una cierta solvencia, pero si ya no lo eres y tocas algún instrumento de metal, (trompeta, trombón, trompa…) las puedes pasar muy canutas pues el labio, con el paso del tiempo, no perdona.

Para presentarte a las oposiciones, tendrás que preparar dos o tres obras, seguramente tendrás que tocar algún fragmento a vista, y algunos solos de tu instrumento. Muy posiblemente, tengas que pasar un examen psicotécnico escrito. La cosa no es fácil… Además, si ganas la plaza, seguramente tendrás que presentar algún titulo académico que certifique que sanes tocar la trompeta o el contrabajo. De manera que si no fuiste al conservatorio cuando eras pequeñito lo tienes crudo.

Las oposiciones son un mal trago. Las obras obligadas suelen ser muy difíciles. Tienes que buscarte un pianista que te acompañe, tienes que ensayar con él, tienes que pagarle… Todo el mundo está nervioso, nadie está de acuerdo con las decisiones del tribunal…

Además, por lo general, (y no es por desanimarte), por cada plaza que se convoca suelen presentarse entre cuarenta y cincuenta aspirantes, y, alguno de ellos muy buenos.

Pero si finalmente, después de estudiar como un poseso, consigues entrar en la institución, la faena suele ser cómoda y gratificante. No es un trabajo muy creativo ni emocionante, la verdad. Vas a ensayar cada día a la misma hora y en el mismo sitio, ves a tus compañeros, te encuentras unas partituras en el atril, y tienes que tocarlas tal y como quiere el director que en aquel momento lleve la batuta (estés o no estés de acuerdo con su criterio musical).

Tienes tus conciertos, tus grabaciones, tu sueldo a final de mes, tus vacaciones, tu seguridad social, tu jubilación y ya está. No pretendas hacerte famoso. Tu tocas la trompeta, y haces el solo lo mejor que puedas cuando llegue el momento. Eso si, no puedes abandonarte con el instrumento.

En general, es un trabajo seguro. Normalmente, estas instituciones dependen de un ayuntamiento o algún tipo de consorcio entre ministerio, ayuntamiento, gobierno autonómico… y a nadie le interesa que la banda o la orquesta deje de existir ya que sería muy impopular para el electorado.

 

De cómo montar un estudio de grabación y ser un productor discográfico.

Tiempo atrás, montar un estudio era un buen negocio.

Vale que tenías que hacer una gran inversión, alquilar un local, hacer separaciones, insonorizarlo, cablearlo, ponerlo bonito, comprar máquinas, micrófonos, instrumentos… Ah, y cuidado que en aquellos tiempos una mesa Neve, Harrison o MCI valía una pasta impresionante. Y no veas los magnetofones Studer, los monitores JBL, las etapas Quad y los micros Neumann…

Además tenías que comprarte tu piano Steinway, tu otro piano Fender Rhodes, tu batería Ludwig, tus amplis Ampeg para bajo y Marshall para guitarra, tu órgano Hammond con su ampli Leslie… ¡La hostia!

Pero, a pesar de que empezabas el negocio sin un duro, muchas letras y muchos créditos personales para ir devolviendo, normalmente amortizabas la inversión en poco tiempo.

Las discográficas hacían sus producciones y sus maquetas, y además pagaban religiosamente. Se grababa música para publicidad, para cine, para teatro… Existían los músicos de sesión que vivían (y muy bien, por cierto) solamente de las grabaciones. Había en Madrid, Barcelona, y Valencia arregladores, productores, directores musicales, avisadores de músicos… Las discográficas declaraban beneficios, y reinvertían dividendos buscando nuevos talentos…

En aquellos tiempos se habían tirado adelante producciones que hoy en día nos dejarían atónitos… Operas, zarzuelas, integrales de las sinfonías de Fulanito o de las sonatas de Menganito … con orquestas de setenta músicos, coros de ochenta cantantes, solistas y directores de campanillas.

Y el producto salía al mercado, se vendía, y era rentable. Hay que decir que entonces no existía el top manta ni E-mule ni Myspace…

Hoy en día, cualquier niñato, en el garaje de su padre, con un Mac, cuatro micrófonos, el Pro Tools (Cubase, Cakewalk, Samplitude o similares) y buenos plugins, puede hacer prácticamente la misma faena para la que era necesaria una inversión cuantiosa hace unos años.

Pero, ya ves, ironías de la vida, el niñato en cuestión con mucha suerte colgará sus grabaciones, y sus paridas geniales en el My space y, con mucha suerte, las escucharán sus amiguetes.

Y se pondrá a esperar que alguien se ponga en contacto con el para realizar grandes proyectos… y esperará, esperará…

Hoy en día, el negocio es sonorizar directos. Se organizan festivales de rock en Villa Gatos, festivales de jazz en Villa Cabras, Primavera Sound de Cien Ladrillos…. qué sé yo.

Lo que si sé yo, es que los músicos de los conjuntos que tocan en el festival en cuestión igual no cobran ni un duro por su trabajo, pero el tío que lleva el equipo de luces y audio, monta, desmonta y sonoriza el tinglado, ese si que cobra, joder si cobra…

 

Bueno, chicos y chicas, la cosa está así.

En fin, vosotros mismos.

 

Es vuestra vida, vuestro rollo y, además, ya hace tiempo que os afeitáis ¿no? (Bueno, las chicas no, ¿vale?). De manera que si lo tenéis realmente claro, pues adelante con los faroles y que Dios reparta suerte, porque la vais a necesitar…

4 comentarios para “Vida tranquila”

  1. Hans Dice:

    Los tres articulos son absolutamente realistas, en ellos se dicen verdades como puños.
    Tal vez te has pasado en la forma pero no en el fondo. Entre todos debemos conseguir dignificar la profesión de músico.

  2. Francisco Dice:

    Pues miraq, tio… tienes más razon que un santo…

  3. jonathan Dice:

    …soy de chile …

    estudie en semestre en la universidad … estaba estudiando ingenieria en electronica, decidi salirme de la carrera para estudiar musica … y aunque tus palabras me dejan un poco helado y creo que eres muy realista en lo que dices, esto me da mas ganas de poder seguir adelante con la musica … mi punto de vista es mientras mas personas piensen que no se puede … cuando logres lo que quieres sera una mayor victoria. y no es pensar utopicamente pero, tengo un meta y es llegar a poder decirle a todas las personas que me dijieron que no se podia que lo logre… que no me he muerto de hambre, que a pesar de que no gano lo mismo que un medico vivo mucho mas contento con lo que hago y tengo menos problemas sicologicos, que a pesar de que me fue mucho mas deificil lo logre.

    [si no nos ponemos metas seremos los mismos de siempre]

  4. Moraledinsky, o sea el autor Dice:

    Amigo Jonathan, verás, estudios van a haber siempre. Mientras hayan conjuntos de chavales que sueñen convertirse en los “Stones” habrán estudios i estudietes… Lo jodido es la rentabilidad que puedas sacarle al tinglado… Por lo general, son los padres de los chavales quienes pagan la fiesta, i, salvo raras escepciónes, no esta la cosa para muchas alegrias… Por otra parte, un grupo que disponga de un local de ensayo en el que hayan micros, mesa de mezclas y algun efectito, alguna rever y tal… pues tampoco les cuesta mucho conectar le ordenata de fulanito i sacar una grabación para colgar en el “You Tube” o el “My space”…. Los artistas mas o menos consolidados, se van a Londres… Y la cosa va asi…

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